¿Por
qué? ¿Por qué tienes que mirarme? Tanto tiempo esfumado y me sigues mirando
desde aquel lugar. Observas con detenimiento cada paso, cada decisión, cada
palabra que escondo. Me observas y soy yo el que te obliga a hacerlo, pues no
te muevo de tu lugar en mi memoria, sigues sentada frente a mí con tu lado
derecho en las sombras. La arena tibia en nuestras piernas hundiéndonos en
nosotros mismos.
Recuerdo todo como algo eterno, pero lo poco que duró no se compara ni a un
pestañeo dado aquel día, ni a un grano de arena, que juntos soportaban tu
cuerpo frío, frío como tus palabras, esas, las que congelaron el cálido primer
beso, el beso que dio inicio a una esperanza perdida, a una bomba de tiempo,
que estallaría directo en la cara de quien esperó todo de alguien que no tenía
nada, y que no quería nada.
Así, como lo digo, lo veo y también (obviamente) lo pienso, así me siento en un
rincón a sentir como me observas, desde ese día y los que lo siguieron, desde
este lugar y de todas las partes a donde miro, ahí estás, me observas por qué
así lo quiero y no veo nada, no queda nada de lo que nunca empezó.
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