De repente prostituyo el día,
lo dejo pasar a cambio de alegría,
y cuando no cumple, lo castigo;
frunzo el ceño y lo maldigo.
Tengo el día muy gastado,
usado, sucio y alterado.
De repente el día me prostituye,
me usa de puente para vivir.
Me traga, me escupe y me deja ir.
A veces el día me prostituye,
me usa, me ensucia y no me deja ir.
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